jueves, octubre 21, 2021

En el sendero del universo del Corán | Capítulo 1: Un vistazo a las palabras

Capítulo 1: Un vistazo a las palabras

Con el nombre de Dios el Rahmán el Rahiim

Estimad@ lector/a, a lo largo de esta lectura, le invito a un viaje que probablemente nunca antes había experimentado, navegaremos entre mundos a bordo de letras sagradas que nos llevarán a universos ocultos, observaremos los horizontes de la existencia, aunque sea de lejos y surcaremos en la profundidad de nuestra propia esencia como seres humanos. Pero antes de adentrarnos en este inmenso universo, primero empezaremos por un breve reconocimiento previo al viaje, y sin darnos cuenta el viaje ya habría comenzado.

 

El Corán es un texto fruto de una inspiración que comenzó antes de la creación misma. Cuando sólo eramos almas, Dios exaltado sea, en su infinita sabiduría nos enseñó cada uno de los términos que lo contienen (los nombres). Así viene claramente expuesto en las aleyas del Corán cuando afirma en las primeras aleyas de la Azora del Rahmán (55).

 

El Rahmán ** Enseñó el Corán ** Creó la persona ** Le enseñó la claridad del lenguaje

 

En estas generosas aleyas observamos cómo Dios enseñó en primer lugar el Corán después creó el Insán, el Insán es el ser humano cuando ya tiene cuerpo en este mundo, luego le enseñó a adquirir la claridad conceptual del lenguaje. Si el Corán fuera algo que existiera posteriormente al ser humano, entonces la aleya debería estar invertida y habría dicho: creó a la persona, le enseñó la claridad del lenguaje y le enseñó el Corán. En cambio, el orden de las aleyas no deja lugar a dudas de que el Corán fue enseñado antes de la creación de la persona en este mundo. 

 

En la aleya 30 de la Azora 2, Dios le dijo a los ángeles que hará en la Tierra un Jalifa, alguien que ha de heredar con responsabilidad. Los ángeles con parte del conocimiento atemporal que Dios les ha concedido, se extrañaron y dijeron:

¿Vas a poner en ella a alguien que extenderá la corrupción en ella y la corromperá, mientras que nosotros proclamamos Tu gloria infinita, Te alabamos y santificamos Tu nombre?” Dios respondió: “Ciertamente, Yo sé lo que vosotros no sabéis.”

 

A continuación a esta respuesta, Dios afirma algo extraordinario y dice: Y enseñó a Adam todos los nombres, luego los expuso a los ángeles (los nombres) y les dijo; decidme los nombres de «estos» a lo que los ángeles humildemente respondieron; Glorificado Seas no poseemos más conocimiento que el que nos has enseñado. Y a continuación se dirige a Adam y le dice; diles los nombres de «estos», y cuando les informó de esos nombres, dijo Dios: ¿A caso no os he dicho que conozco lo que se oculta en los cielos y en la Tierra y conozco todo lo que ponéis de manifiesto y todo lo que ocultáis.

 

¿Por qué estos nombres son los conceptos del Corán?

 

Pues porque no se puede entender que el nombre de todas las cosas fueran otros que los conceptos coránicos, ya que cuando se refiere a «estos» se refiere a algo concreto, no se puede referir a los nombres de todo lo existente, pues sólo Dios tiene conocimiento de todo lo que existe. 

 

Por lo tanto, los conceptos coránicos fueron enseñados a Adam, es decir, al alma original de la que derivamos todos, mediante el soplo Divino del ruh, de la que hablaremos más adelante. En este sentido las palabras y los conceptos del Corán están marcados en nuestra propia esencia y los reconocemos de forma natural con nuestros corazones. Son las mismas palabras que se le inspiraron a Abraham, a Moisés y los Mensajeros como recuerdo de las palabras originales antes de venir a este mundo. Y este recordatorio, es decir, que las palabras del Corán ya fueron inspiradas como recordatorio (Dthikr) a Mensajero anteriores, lo encontramos recogido en muchas aleyas. 

En esta aleya 135 de la Azora 20 dice;

PERO [los que están ciegos a la verdad] suelen decir: “¡Si [Muhámmad] tan sólo nos mostrara un portento de su Sustentador!” [Pero,] ¿no les ha llegado una prueba evidente en lo que contienen las escrituras anteriores?

Y en otra aleya más como la 18-19 de la Azora 87: 

 

Realmente, [todo] esto estaba ya [expuesto] en las revelaciones anteriores  (18) las revelaciones de Abraham y de Moisés. (19)

 

Las palabras del Corán son el conocimiento sagrado antiguo, que olvidamos cuando nacemos, pero cada partícula de nuestro ser lo reconoce cuando se expone a él, un discurso que equilibra los opuestos, tan sutil como contundente, tan sencillo como profundo, tan sereno como agitador, tan simple como preciso, tan abstracto como concreto…

En él se manifiesta la sabiduría que destruye la embaucación de toda ilusión construida por nuestros egos y nos guía al camino de la paz y el Haqq

Sorprende cómo el Corán trae consigo su propio manual de funcionamiento, aleyas que nos enseñan como navegar entre sus signos y manejarnos en su dinámica, sus estructuras concéntricas y la armonía de su unidad discursiva.

Carente de toda incoherencia en su configuración, su exposición, y su retórica y cuenta con una sintaxis propia y singular. Todo aquello que nos confirma que procede de Dios, que son las primeras palabras. Dice el Corán en la aleya 82 en la Azora 4: 

 

 ¿Es que no van a reflexionar sobre este Corán? Si procediera de alguien distinto de Dios, ciertamente habrían hallado en él muchas contradicciones.

 

Afirmar que el conocimiento del Corán y su explicación están encerrados en los libros de exegetas pasados, no sólo es un ofensa a la razón, sino que es el producto de una ignorancia supina respecto al Libro revelado. El conocimiento que emana del Corán es interminable y todos los sentidos que encierran sus aleyas y su profundidad última sólo Dios la conoce y todo ello será expuesto en el día del juicio. Repasemos estas aleyas que nos ilustran de forma clara la inmensidad de la sabiduría que atesoran los signos del Corán:

En la aleya 109 de la Azora 18 reza así:

 

DI: “¡Si todo el mar fuera tinta para las palabras de mi Sustentador, ciertamente se agotaría el mar antes de que las palabras de mi Sustentador se agotaran! Y [así sería] aunque añadiéramos un mar tras otro.”

 

En la aleya 7 de la Azora 3 dice así:

 

pero su significado último sólo Dios lo conoce. De ahí que aquellos que están profundamente arraigados en el conocimiento digan:»Creemos en ella; toda [la escritura divina] proviene de nuestro Sustentador –aunque sólo los dotados de perspicacia tienen esto presente.

 

En la aleya 53 d la Azora 7 nos dice:

 

¿Es que están esperando [los incrédulos] que se despliegue el significado último de ese [Día del Juicio]? [Pero] el Día en que se despliegue su significado último, los que antes se habían desentendido de él, dirán: “¡Los enviados de nuestro Sustentador vinieron, ciertamente, con la verdad! ¿Podremos hallar intercesores que intercedan por nosotros? o ¿nos será dado volver [a la vida] para que obremos de forma distinta a como lo hicimos?”Ciertamente, se habrán malogrado a sí mismos y sus falsas invenciones les habrán abandonado.

 

Pero, para acceder al conocimiento antiguo y conectar nuestros corazones con el recuerdo primero, nuestros corazones deben estar despiertos y conscientes, pues el corazón muerto no puede leer, ya que no ve ni escucha. Es una guía para los dotados de conciencia. Se trata de la voluntad primera, la nuestra.

Comments 2

  1. Una curiosidad. Cuando usted habla de las almas que al venir al mundo se olvidan del Coran, está diciendo que las almas preexisten???. Me puede aclarar este punto?. Muchas gracias. Muy bueno todo.

  2. Buenos días, estimado Benjamín. Así es. De hecho hay un capítulo entero dedicado a explicar esta parte creo que es el capítulo 4 o 5, no recuerdo bien. Pero se explicará con todo detalle. Inshallah

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Autor
Houssain

Houssain Labrass

profesor
Director del Instituto Teológico de Estudios Islámicos (ITEI)