sábado, noviembre 27, 2021

El matrimonio conyugal VS casamiento profético

 

De los tantos constructos falaces de la escolástica imperial del Hadiz, uno de los más extendidos es hacer confundir a los musulmanes el matrimonio conyugal del Profeta Muhammad con Jadiya, por un lado, y el casamiento profético con las mujeres en Medina para la misión por otro.

Con Jadiya, se trata de un romance que nace de una relación entre una noble comerciante de la ciudad de Meca criada bajo los valores del hanafismo unitario abrahámico y un noble mercader también influenciado por los mismos valores abrahámicos. Estos valores son precisamente los que han permitido a Jadiya erigirse como una mujer autónoma que dirigía su propio negocio y podía elegir con quien casarse y con quien no. Y son los mismos valores que inspiraban a Muhammad su rechazo a la tiranía tribal de Quraish, el negocio que se hacía de la religión y la imposición de la esclavitud. Y es este hanafismo abrahámico, que aún perduraba en la zona del Hiyaz, que convivía con el politeísmo, el judaísmo y con el cristianismo, que el Corán ordena a Muhammad seguir cuando afirma en la Azora 16 aleya 123:

 “Luego, te inspiramos: «Sigue la tradición  de Abraham, el verdadero unitario que no nunca fue asociador”.

Jadiya no sólo tenía más edad que Muhammad sino que fue ella la que le propone matrimonio, pues encontró en él todos los valores que buscaba para un compañero de vida, tales como la honestidad, la ternura, la valentía, la paciencia, una mente inquieta, y muchos otros valores que le reconocían sus enemigos antes que sus amigos.

 

Jadiya encontró en Muhammad un socio comercial que le ayudaría en su empresa, un compañero de vida que comparte sus valores, un marido que sería el padre de sus hijos y un amigo con quien debatir las realidades del sino que les tocó vivir.

 

Muhammad no practicó la poligamia a diferencia de lo que muchos piensan. Pues sólo tuvo un matrimonio conyugal y fue con Jadiya, y sólo tuvo hijos con una mujer y fue con Jadiya y nunca estuvo con  otra mujer y otro romance que no fuera Jadiya a la que le fue fiel hasta que ella murió por una enfermedad. El año en que murió su mujer coincidió con el año en que murió su tío y protector, ambos eran sus principales soportes como las personas más cercanas a él. La muerte de Jadiya dejó un profundo dolor en Muhammad hasta el punto de que ese año pasó a conocerse como el año de la profunda tristeza. 

 

A los 53 años de edad. Cuando el Profeta Muhammad emigra a Yazrib, comenzaría la fase  divulgativa más intensa de la misión profética, e intentaría convencer a la compleja sociedad de Yazrib sobre la trascendencia del Mensaje revelado y la decadente situación en la que viven las personas en ese lugar y en esa época. Hablaría sobre los conflictos tribales que duraban generaciones, sobre los abusos en el comercio, sobre la denigrante institución de la esclavitud, sobre el abandono de los huérfanos, sobre la falta de solidaridad con los más desfavorecidos, sobre la visión injusta que se tiene hacia la mujer, la cultura supersticiosa y muchos temas más que sacudirían los mismísimos cimientos de la sociedad tribal de la península de arabia, pero Muhammad los presentaba como las principales causas de la decadencia y debilidad que vivía dicha sociedad, tal como afirma El Corán.

 

Muhammad no sólo se convertiría en un notorio líder moral y espiritual, sino también en el principal mediador para resolver los conflictos tribales que se venían arrastrando desde generaciones atrás. Intentaría unir entre todas las partes y componentes de la sociedad de Yazrib, mediante pactos de conciudadanía donde gentes de distintas tradiciones convivirían bajo la premisa de valores universales de justicia y equidad.

 

No sólo son los pactos el único medio para llegar a acuerdos, sino también los enlaces de consanguinidad entre inmigrantes y locales, acuerdos comerciales y compromisos sociales. Y es aquí donde las mujeres van a tener un papel fundamental para tejer este nuevo cuerpo de una nueva sociedad que intentaría evolucionar desde los principios tribales y de clanes a principios comunes de conciudadanos, donde habrían normas por encima de las leyes tribales, leyes basadas en principios universales,  comunes a todos y a las que todos se someterían para resolver sus conflictos y pudieran convivir en armonía. Yazrib entonces pasó a llamarse Medina

Mujeres de distintos clanes, tribus y tradiciones apoyarían al Profeta Muhammad entregándose a formar parte del soporte vital en su misión de divulgación. Algunas amigas del Profeta formaron parte de estas mujeres como Nasiba Bint Kaa`b que defendió al Profeta cuando sufrieron la invasión de la alianza Quraishi a Medina cerca del monte Uhud. Nasiba recibió heridas de guerra con flecha y cortes de espada por defender a Muhammad cuando todos sus compañeros lo dejaron sólo, como recoge Ibn Hazm en su obra Al-maghaazi, y fue su hija Fátima la que le curaba sus heridas, mientras que una de las mujeres comprometidas con su causa es Aisha Bint Abu Bakr, y era la que le llevaba agua, curaba y evacuaba a los heridos y ya en esta batalla se hablaba de ella como una mujer adulta que tenía la fuerza para cargar con las grandes vasijas y los cuerpos de los heridos y no una niña de 6 años como divulgan los relatadores del Hadiz. Los libros de historia desmienten estos relatos sobre Aisha una y otra vez.

Son estas mujeres de los diversos clanes y tribus que jurarían lealtad al Profeta, algunas convivirían con él, le ayudarían en su misión y pasarían a llamarse las mujeres del Profeta (Nissa’  Annabi) y las madres espirituales de los creyentes.

El Corán dibuja esta relación de forma muy clara y explícita. Cuando afirma la relación espiritual y no mundanal entre estas mujeres y el Profeta cuando dice en la Azora 33 aleya 32: 

“¡Mujeres del Profeta! Vosotras no sois como otras mujeres. Si tenéis consciencia de Dios, no seáis tan sujerentes en vuestras palabras que llegue a anhelaros el enfermo de corazón. ¡Hablad, más bien, como es debido! (32)”

 

Las mujeres del Profeta no se les aplica el estilo de vida de las demás mujeres, su unión con el Profeta es una unión espiritual, no se trata de una unión ni mundanal, ni conyugal ni carnal, pues esa unión ya la tuvo con Jadiya y con ninguna otra más. La unión espiritual es la condición coránica para permanecer al lado del Profeta, pues toda aquella mujer que hubiese querido tener una relación conyugal en una vida mundanal normalizada, se le invitaba a disfrutar de ello pero fuera del círculo profético tal como señalan claramente una aleyas antes de la misma azora:

 

“¡OH PROFETA! Di a tus esposas: «Si deseáis esta vida y sus atractivos –pues, hacédmelo saber, que os complaceré y os dejaré ir con delicadeza; (28) pero si deseáis a Dios y a Su Mensajero, y la vida en el más allá, entonces, ¡ciertamente, para las que de vosotras hagan el bien, ha preparado Dios una magnífica recompensa!» (29) ¡Oh mujeres del Profeta! Quien de vosotras fuera culpable de conducta inmoral manifiesta, su castigo sería doble: pues eso, en verdad, es fácil para Dios. (30) Pero quien de vosotras se adscribe fielmente a Dios y a Su Mensajero y obre con rectitud, le daremos su recompensa dos veces: pues habremos preparado para ella una espléndida provisión. (31)”

 

La misión Profética de divulgar el Mensaje no sólo ocupaba todo el tiempo de Muhammad, es que ocupaba toda su vida, porque desde entonces toda su vida estaba consagrada al Mensaje, su recepción, su asimilación, su meditación, su conservación, su divulgación. Ello implicaba largos debates con las gentes de Medina, con las gentes del Libro, con los líderes tribales y un sin fin de situaciones que responden a la naturaleza misma de la misión profética. Este estilo de vida, de constante sacrificio, búsqueda, reflexión, peligros, desafíos, debates, divulgación, enseñanza, y un largo etc… no era compatible con una vida mundanalmente complaciente, de esta otra vida sólo podía encontrar una breve porción o “Nasiib”, el resto es Misión.

 

Fijémonos por ejemplo en las meditaciones y oraciones nocturnas que nos describe el Corán en la introducción de la Azora 73:

“¡OH TÚ, el arropado! (1) Mantente despierto [en oración] por la noche, salvo una pequeña parte (2) de la mitad de ella –o algo menos, (3) o añade algo más [a voluntad]; y [durante ese tiempo] recita el Qur’án pausada y claramente, con tu mente atenta a su significado. (4) Ciertamente, hemos de encomendarte un mensaje de gran peso – (5) [y,] en verdad, las horas de la noche dejan mayor impronta en la mente y hablan con voz más clara, (6) mientras que de día tus ocupaciones son muchas. (7) Pero [tanto de noche como de día,] recuerda el nombre de tu Sustentador, y conságrate a Él con total devoción.”

 

Tanto de día como de noche la Misión es su alimento, su lamento, su felicidad y su agobio, su claridad y su tribulación, toda su vida gira en torno a la Misión. Esta personalidad santa de la que nos habla el Corán no tiene nada que ver con el personaje que dibujarían siglos después los chismes y chismorreos de los Hadices, de un hombre con apetito sexual desenfrenado, tal como recoge Bujari cuando insinúa que mantiene relaciones con todas sus mujeres en un breve momento sin siquiera realizar la ablución. Estos hadices se inventaron para legitimar los vicios y promiscuidad de sultanes y de califas que mantenían en sus palacios legiones de esclavas sexuales. Y con ello mancillaron la imagen de este noble Profeta con atribuciones falsas y difamando su nombre al servicio de la tiranía imperial que construiría una religión satánica en base al Hadiz y abrogando El Corán para lograr engañar a los musulmanes asentando  las mismas ideas contra las que luchó el propio Profeta.

 

Estimad@ visitante, ayúdanos a mantener y desarrollar la plataforma de ITEI. Queremos seguir desarrollando nuestro proyecto publicando cursos gratuitos, material didáctico y académico de  calidad y con el máximo rigor, traducir textos de autores musulmanes relevantes, subtitular programas y reportajes del árabe al español, elaborar vídeos explicativos exclusivos, y mucho más…

Si crees que merecemos de tu apoyo, suscríbete mensualmente por lo que te cuestan dos cafés y accede a todo el contenido del portal sin límites. Nosotros te lo agradecemos enormemente. ¡Gracias!

Suscribirse

Autor
Houssain

Houssain Labrass

profesor
Director del Instituto Teológico de Estudios Islámicos (ITEI)